Envejecer es inevitable, pero debe ser una prioridad, tanto individual como colectiva, hacerlo con la máxima dignidad.
La geriatría surge como el área especializada de la salud que se dedica precisamente a garantizar que las personas mayores reciban una atención adecuada, respetando su individualidad y, al mismo tiempo, promoviendo su autonomía y calidad de vida.
En un contexto global en el que el número de personas mayores aumenta cada año, es esencial comprender lo determinante que es el papel del auxiliar de geriatría y lo que realmente está en juego cuando hablamos de cuidados geriátricos.
¿Qué es la geriatría?
La geriatría es la disciplina médica que se centra en el diagnóstico, el tratamiento y la prevención de las enfermedades asociadas al envejecimiento. Pero va mucho más allá del aspecto clínico. La geriatría considera a la persona mayor como un todo —cuerpo, mente y contexto— y propone un enfoque personalizado, humano y multidisciplinar.
La geriatría se basa en los conocimientos de la gerontología, que estudia el envejecimiento en varias dimensiones:
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Envejecimiento físico: se trata de la pérdida progresiva de la capacidad del organismo para regenerarse. Se produce una disminución natural de la fuerza, la movilidad y la resistencia, lo que requiere cuidados específicos y una supervisión constante.
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Envejecimiento psicológico: implica transformaciones emocionales y cognitivas. La memoria, la atención y el estado de ánimo pueden sufrir alteraciones, por lo que el apoyo emocional y la estimulación mental son esenciales.
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Envejecimiento conductual: los cambios de personalidad, motivación y roles sociales influyen en el comportamiento de las personas mayores y en la forma en que se relacionan con el mundo. En este caso, la empatía y el respeto son fundamentales.
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Contexto social: las relaciones familiares, los ingresos económicos, el acceso a la salud, el ocio y la integración en la comunidad moldean la experiencia del envejecimiento. La soledad y el aislamiento son riesgos reales y deben combatirse con iniciativas sociales y comunitarias.
Estos cuatro aspectos, que constituyen el núcleo de la práctica geriátrica, interactúan constantemente entre sí, lo que exige una intervención integrada y cuidadosa.
¿Qué es un auxiliar de geriatría?
El auxiliar de geriatría es el profesional que presta apoyo directo a las personas mayores, tanto en instituciones como en el domicilio, garantizando la comodidad, la seguridad y el bienestar de la persona atendida.
Este trabajo requiere sensibilidad, formación y un verdadero espíritu de misión. Estas son algunas de sus principales funciones, desarrolladas de forma práctica:
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Asistencia en las actividades diarias: desde la higiene personal hasta la ayuda para comer y moverse, el geriatra garantiza que las personas mayores mantengan su rutina con la mayor comodidad y dignidad posible.
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Supervisión y prevención de riesgos: al adaptar el espacio físico y estar atento a las señales de alerta, el auxiliar geriátrico ayuda a prevenir caídas, accidentes y complicaciones de salud;
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Fomento de la autonomía: siempre que es posible, el profesional anima al anciano a realizar tareas por sí mismo, reforzando su autoestima y manteniendo activas sus capacidades.
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Acompañamiento emocional y social: la escucha activa, el diálogo diario y la compañía constante son esenciales para combatir el aislamiento social y la depresión en la vejez.
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Colaboración con equipos técnicos: el auxiliar de geriatría trabaja codo con codo con enfermeros, médicos y asistentes sociales, compartiendo observaciones y siguiendo planes de cuidados individualizados.
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Prevención del maltrato: este profesional también está atento a los signos de negligencia, abuso físico, psicológico o financiero, y puede intervenir o alertar a las autoridades competentes.
Aunque exigente, este es un trabajo profundamente gratificante. Porque, en el fondo, es la atención y el contacto humano lo que marca la diferencia en la vida de quienes ya han dado tanto de sí mismos y ahora necesitan el cuidado de los demás.
Cuidados preventivos esenciales en geriatría
La prevención es el mayor aliado de la geriatría. El cuidado preventivo evita complicaciones y permite que el envejecimiento se desarrolle con mayor calidad. Estas son algunas prácticas clave:
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Evaluación periódica de la salud: los exámenes médicos frecuentes ayudan a detectar precozmente alteraciones físicas o cognitivas.
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Estimulación física y mental: paseos ligeros, juegos de memoria, música, lectura y actividades manuales ayudan a mantener el cuerpo y la mente activos;
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Nutrición adecuada: una alimentación equilibrada, rica en fibra, calcio, proteínas y líquidos, es esencial para mantener la vitalidad.
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Seguridad en el entorno: adaptar el espacio donde vive la persona mayor (barandillas, alfombras antideslizantes, buena iluminación), así como dotarla de ayudas para caminar, reduce el riesgo de caídas;
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Interacción social: mantener el contacto con la familia, los amigos y la comunidad previene el aislamiento, estimula el buen humor y refuerza el sentimiento de pertenencia.
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Apoyo a la familia: formar y apoyar a los cuidadores informales evita el desgaste emocional y garantiza que se preste una atención de calidad.
En un mundo que envejece rápidamente, valorar el papel de la geriatría y del auxiliar de geriatría es garantizar un futuro más humano para todos. Porque, tarde o temprano, todos querremos que nos cuiden con profesionalidad, humanidad y dignidad.
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