El sueño es uno de los pilares fundamentales de nuestra salud y bienestar, ya que desempeña un papel crucial en la recuperación física y mental de nuestro organismo. Sin embargo, con el paso de los años, los cambios naturales en nuestro «reloj biológico» pueden afectar significativamente a la calidad del sueño, lo que convierte al insomnio en un reto particular.
La compleja relación entre el envejecimiento y el sueño va mucho más allá de las arrugas y las canas visibles. Durante el sueño, nuestro cuerpo realiza funciones vitales esenciales: desde la consolidación de la memoria hasta la reparación celular, pasando por la regulación hormonal y el fortalecimiento del sistema inmunológico. Cuando este (muy) delicado equilibrio se ve perturbado por el insomnio, las consecuencias pueden ser amplias y significativas para la salud y la calidad de vida del individuo.
Los estudios indican que más del 50 % de las personas mayores de 65 años experimentan algún tipo de trastorno del sueño, siendo el insomnio el más común. Este problema puede manifestarse de varias formas: desde dificultad para conciliar el sueño, hasta despertares frecuentes durante la noche, o incluso despertarse demasiado temprano sin poder volver a conciliar el sueño.
Comprender el insomnio en la tercera edad
El insomnio se caracteriza por la dificultad para conciliar el sueño o mantenerlo, y es un problema especialmente común entre las personas mayores. Durante el sueño, el organismo realiza funciones vitales y libera sustancias hormonales importantes para la salud. Cuando este proceso se interrumpe debido al insomnio, pueden surgir diversos problemas, como irritabilidad, fatiga y somnolencia diurna.
Causas y factores de riesgo del insomnio
Las causas del insomnio en la tercera edad son diversas y a menudo están interrelacionadas. Los factores psicológicos como la ansiedad, el estrés y la depresión desempeñan un papel importante. Las afecciones médicas como la artritis, los dolores crónicos y la nicturia (la necesidad frecuente de orinar durante la noche) también pueden contribuir significativamente a los problemas de sueño.
Además, los cambios en el reloj biológico natural de las personas mayores pueden provocar alteraciones en los patrones de sueño, lo que da lugar a que se despierten más temprano y tengan más dificultades para mantener un sueño profundo y reparador.
Impacto del insomnio en la salud y la calidad de vida
La falta de un sueño adecuado va mucho más allá de la simple incomodidad nocturna. Las personas mayores que sufren de insomnio corren un mayor riesgo de caídas debido a la disminución de los reflejos y el razonamiento. Además, la privación del sueño puede afectar significativamente a su salud:
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Aumento del 36 % del riesgo de cáncer colorrectal
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Riesgo hasta tres veces mayor de desarrollar diabetes tipo 2
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Aumento del 48 % del riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas
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Riesgo de desarrollar hipertensión
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Aumento del riesgo de demencia hasta en un 33 %
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La falta de sueño puede envejecer entre 3 y 5 años
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Aumento del riesgo de depresión, ansiedad y pérdida de capacidad cognitiva en los ámbitos del razonamiento y la memoria
Insomnio: ¿qué hacer para dormir mejor?
Crear una rutina saludable
Es fundamental establecer una rutina de sueño constante, manteniendo horarios regulares para acostarse y levantarse. El cuerpo responde positivamente a esta regularidad, lo que ayuda a regular el ciclo circadiano natural.
La práctica de actividad física regular durante el día también es esencial, aunque debe evitarse en las horas cercanas a la hora de acostarse.
Entorno adecuado para dormir
El dormitorio debe ser un santuario dedicado al descanso. Mantenga el ambiente ventilado durante el día y oscuro y silencioso durante la noche. La temperatura debe ser agradable, y es importante evitar la presencia de televisores u otros dispositivos electrónicos en el dormitorio.
Hábitos alimenticios y conductuales
La alimentación desempeña un papel crucial en la calidad del sueño. Evite:
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Comidas pesadas cerca de la hora de acostarse
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Consumo excesivo de líquidos por la noche
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Estimulantes como la cafeína, la nicotina, el alcohol u otros, especialmente en las horas previas al sueño
Importancia del seguimiento profesional
El seguimiento médico regular es fundamental para controlar el insomnio en la tercera edad. Un profesional de la salud puede:
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Evaluar las causas específicas del insomnio
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Ajustar la medicación cuando sea necesario
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Recomendar tratamientos personalizados
Si, tras introducir una nueva medicación en su rutina, tiene más dificultades para conciliar el sueño o mantenerlo, debe informar de este cambio a su médico lo antes posible.
Acompañamiento psicológico especializado
El seguimiento psicológico y la realización de un tratamiento basado en la TCC-I, centrado en la reestructuración de los pensamientos, sentimientos y comportamientos que contribuyen al insomnio, se consideran tratamientos eficaces para el insomnio a corto plazo y el insomnio crónico.
Un mejor sueño para una vida más plena
El insomnio en la tercera edad es un problema complejo que requiere un enfoque multidisciplinar y que a menudo obliga a la intervención de profesionales de la salud especializados en el sueño. La combinación de una buena higiene del sueño, un entorno adecuado y un seguimiento médico regular puede marcar una diferencia significativa en la calidad del sueño. Es importante recordar que cada persona es única y puede necesitar adaptaciones específicas en las recomendaciones generales, por lo que es importante consultar a un especialista en sueño.
La clave para un sueño reparador está en la constancia y la adopción gradual de hábitos saludables. Con paciencia y perseverancia, es posible mejorar significativamente la calidad del sueño y, en consecuencia, la calidad de vida en la tercera edad.
Recuerde: un sueño de calidad no solo beneficia a las personas mayores, sino que toda la familia sale ganando cuando su ser querido disfruta de noches tranquilas y días más activos y saludables.
¿Conoce a alguien que cuide de una persona mayor o que sufra de insomnio? ¡Comparta este artículo! A veces, un simple cambio en la rutina o en el entorno puede marcar la diferencia en la calidad del sueño de una persona.









