Cancro da Mama

Cáncer de mama: la importancia del cribado

Aunque la tasa de mortalidad por cáncer de mama está disminuyendo, se trata de un tumor con una alta incidencia. Conozca la importancia de la detección precoz.

La tasa de mortalidad por cáncer de mama está disminuyendo —alrededor del 85 % de las pacientes se consideran curadas cinco años después del diagnóstico—, pero este tumor sigue matando a 1500 mujeres al año, en gran parte debido a la alta incidencia de la enfermedad. El descenso, una excelente noticia, se atribuye a la mayor difusión de las pruebas de detección, que permiten diagnosticar y tratar los carcinomas cada vez más temprano.

 

¿Cómo se desarrolla el cáncer de mama?

El tumor aparece cuando las células mamarias sufren alteraciones en su ADN. En lugar de morir de forma natural cuando envejecen o se dañan, estas células comienzan a multiplicarse, generando nuevas células innecesarias: esto es lo que llamamos cáncer.

A diferencia de lo que ocurre con otras células, el cáncer de mama no se limita al órgano afectado, sino que invade los tejidos circundantes y amenaza con extenderse a otras partes del cuerpo. El riesgo es especialmente alto en los ganglios linfáticos más cercanos (debajo de la axila, en la base del cuello y en la pared torácica), pero la metástasis también puede afectar a los huesos, el hígado, los pulmones y el cerebro.

La progresión de la enfermedad depende de varios factores, incluido el subtipo de cáncer de mama. Algunos subtipos, como el triple negativo o el HER2 positivo, son conocidos por su agresividad y mayor probabilidad de recurrencia, incluso después de un tratamiento oportuno.

 

¿Cuáles son los factores de riesgo del cáncer de mama?

La edad es el factor que más influye en la incidencia del cáncer de mama. El riesgo de desarrollar una neoplasia mamaria en un periodo de 5 años es ocho veces mayor en el caso de una mujer de 60 años que en el de una mujer de 30. Según la CUF, «el 25 % de las neoplasias se producen en mujeres menores de 50 años».

Los antecedentes familiares también nos dicen mucho sobre el riesgo, ya que son responsables de aproximadamente el 10 % de los casos. En la mitad de estos casos, la alteración de los genes heredados puede detectarse mediante un análisis de ADN, solicitado en una consulta genética. La herencia es especialmente relevante cuando hay más de tres mujeres jóvenes con cáncer de mama o con antecedentes de cáncer de ovario en la misma familia. El riesgo, por supuesto, aumenta con el número de casos.

La mutación en los genes BRCA1 y BRCA2 también aumenta significativamente el riesgo de cáncer de mama y de ovario. En estos casos, es posible tomar medidas preventivas como la mastectomía profiláctica o una vigilancia médica más rigurosa.

También influyen factores hormonales, entre ellos:

  • Menarquia precoz;
  • Edad avanzada en el primer embarazo a término;
  • Menopausia tardía;
  • No haber tenido hijos;
  • Uso de anticonceptivos hormonales (aunque no existe un consenso científico establecido al respecto);
  • Uso de terapias hormonales sustitutivas.

Además de estos factores, la alimentación y el peso también influyen, sobre todo durante la infancia y la adolescencia, así como la exposición a radiaciones, por ejemplo, como resultado de un tratamiento de radioterapia.

 

La importancia de la prevención y el diagnóstico del cáncer de mama

Antes de que aparezcan signos o síntomas, el diagnóstico precoz es esencial para la eficacia del tratamiento. Además de reducir el riesgo de muerte, el diagnóstico temprano puede evitar cirugías mutilantes como la mastectomía y tratamientos agresivos como la quimioterapia.

Es importante mantener una comunicación regular con su médico, quien podrá determinar a partir de qué edad comenzar a realizar las pruebas de detección del cáncer de mama y la periodicidad de las mismas. Por regla general, se recomienda que las mujeres de entre 40 y 50 años se realicen una mamografía cada año o cada dos años. Sin embargo, cada caso es diferente y las recomendaciones deben ser definidas por un médico especialista.

Las mamografías permiten detectar nódulos en la mama, como las microcalcificaciones, incluso antes de que sean palpables por la propia mujer. El resultado de la prueba puede llevar al médico a solicitar una repetición de la prueba o, en algunos casos, a solicitar una biopsia mamaria. Además de la mamografía, también se puede recomendar una resonancia magnética mamaria a las mujeres con un riesgo especialmente elevado.

Existen otras dos vías para la detección precoz del cáncer de mama: el autoexamen y el examen clínico realizado por un médico. El autoexamen consiste en la palpación metódica y completa de cada mama, una vez al mes, siendo el momento más adecuado la semana siguiente al período menstrual. Es importante tener en cuenta que las mamas cambian con el tiempo y que hay muchos factores, además del cáncer (la edad, la toma de la píldora, la menstruación, el embarazo y la menopausia), que pueden alterar la sensación durante el autoexamen. Si nota algo fuera de lo normal, póngase en contacto con su médico lo antes posible.

 

¿Cuáles son los síntomas del cáncer de mama?

Los síntomas más comunes del cáncer de mama son:

  • Nódulos o endurecimiento de la mama o la zona de la axila, detectables al tacto;
  • Cambios en la forma o el tamaño de la mama;
  • Dolor;
  • Cambios visibles y detectables al tacto en la mama o el pezón;
  • Sensibilidad en el pezón;
  • Secreción o pérdida de líquido por el pezón;
  • Retracción del pezón;
  • Piel agrietada, con escamas, enrojecimiento o hinchazón en la mama o el pezón.

La presencia de uno o más de estos síntomas no es sinónimo de cáncer de mama. Algunos de estos síntomas también están asociados a otras enfermedades, como los quistes benignos. Sin embargo, si presenta alguno de estos síntomas o cualquier cambio sospechoso, consulte a su médico. ¡La prevención sigue siendo la mejor estrategia!

 

Nuevas terapias

La investigación científica y el desarrollo de nuevos tratamientos también han contribuido a reducir la tasa de mortalidad por cáncer de mama. Los enfoques terapéuticos innovadores, como la inmunoterapia y la terapia dirigida, buscan atacar las células cancerosas de forma más eficaz y con menos efectos secundarios, en comparación con los tratamientos tradicionales como la quimioterapia. Sus resultados son prometedores, especialmente en casos de cáncer de mama avanzado o metastásico. Además, las pruebas genéticas son cada vez más accesibles, lo que permite identificar a las personas con alto riesgo y diseñar enfoques preventivos adecuados a su perfil genético.

A pesar de tantos avances significativos, la sensibilización sobre la prevención, y en concreto sobre la importancia de las pruebas de detección, sigue siendo el primer paso en esta lucha.

 

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